miércoles, 30 de septiembre de 2009

Obispo de La Vega lanza ramo de olivos a la comunidad del Santo Cerro quienes rechazan el traslado de su Párroco Padre Fausto García


La Vega.- La comunidad del Santo Cerro en esta provincia realizó el pasado lunes una caminata hacia el Obispado de La Vega para reclamarle a Monseñor Camilo, Obispo de esta Diócesis que no traslade al Padre Fausto García por el trabajo que ha hecho en beneficio de los diferentes sectores, pero Monseñor no pudo recibirlos debido a que estaba fuera de esta ciudad.

Este martes Monseñor Antonio Camilo, Obispo de La Vega dijo que Agradece cuando una persona le habla bien de un sacerdote, o una comunidad reconoce las cualidades de su párroco, ya sea en Cotuí, Bonao, La Vega, Jarabacoa, Constanza Santo Cerro, Salcedo, Villa Tapia o en Cevicos. Porque cuando se enaltece a un sacerdote, “crecemos Todos”.

Como obispo afirmó sentirse con los sacerdotes, como un padre con sus hijos, y cuando se reconoce algunos de sus hijos y destacan sus cualidades, los padres se sienten orgullosos de ellos y nunca sienten envidia de que se hable bien de sus hijos. Porque cuando “ellos crecen, crecemos todos”.

Lamentó que haya personas que para destacar a uno, tenga que denigrar a otro. Eso no es amar a todos, eso no es cristiano. Todos los sacerdotes son dignos de aprecio en sus comunidades. No quiere decir que sean perfectos, porque si solo vamos a apreciar la perfección, no vamos a querer a nadie.

Si hiciéramos un concuerdo de los sacerdotes, todos tendrían su fan club, que los aplaudiría, como los aplauden la Virgen y Jesucristo, porque ellos los han elegido.

Alaba a Dios porque en la Iglesia, en un mundo tan revuelto y revoltoso, todavía obedecen.. Como dice el Evangelio: “Solo los que se hacen como niños, entran al Reino de los cielos.
Cuando niños aprendemos a obedecer para luego seguir obedeciendo, como adultos y viejos.
Y a veces eso no se aprecia ni se reconoce.

Los sacerdotes tienen un voto de obediencia a la Iglesia, que hacemos el día de nuestra ordenación sacerdotal, en las manos del obispo que nos consagra. Porque Cristo fue obediente al Padre y “sufriendo aprendió a obedecer”.

El día que Dios le mandó el traslado a Jesús, de este mundo al cielo, Jesús lo sufrió, pero obedeció, y mediante ese sacrificio de obediencia nos salvó, y corrigió a Pedro, cuando éste lo quiso excusar de la obediencia. “Sufriendo aprendió a obedecer”.

El traslado de Jesús fue de este mundo al otro, pero pasando por el suplicio del Calvario, de la Muerte, para llegar a la Resurrección.

“Los sacerdotes tenemos que sufrir, unidos a Cristo, para resucitar y triunfar en él. Dando al mundo un ejemplo de obediencia” aseguro.

Como el grano de trigo que si no cae en la tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto.

Gracias por reconocer las virtudes de un sacerdote, porque el felicitarlo, “Crecemos todos”.
Gracias por reconocer y agradecer a los sacerdotes su servicio humilde o cualificado, pero déjennos obedecer, porque ahí esta la santidad y ahí está la diferencia.